
Ya son nueve las jornadas que acumula el Albacete Balompié sin lograr la victoria (siete puntos de veintisiete posibles). Jefferson Montero adelantó al filial del Villarreal en el minuto 28 con un auténtico golazo por la escuadra ante la meta defendida por Cabrero. Tarantino conseguiría el empate en los minutos de descuento tras rematar un saque de esquina lanzado por Callejón. La afición manchega despidió al equipo con silbidos y pañuelos por la pobre imagen ofrecida sobre el terreno de juego.
Ficha del partido
El Albacete Balompié bien haría en pensar que todos los días no van a ser fiesta, tal como le ha sucedido en las últimas tres jornadas que se han saldado con empates sorprendentes habida cuenta de lo que ha ofrecido sobre el terreno de juego.
Ayer se asistió a un nuevo capítulo de este serial de miedo, que es el escenario donde se mueve un Albacete que se ha sumido definitivamente en los puestos de descenso, presa una pérdida de fuelle ostensible en las últimas semanas.
El caso es que el partido respondió, más o menos, a lo esperado, lo cual hace más incomprensible el espectáculo de la primera mitad. Tras unos primeros minutos de tanteo y una buena jugada que no llegó a culminar Hidalgo, el Villarreal B se adueñó del juego en la medular echando mano de su estilo y, por supuesto, de la calidad de sus hombres, incluyendo a un Matilla al que Paco Herrera recuperó a última hora y a un Jefferson Montero que fue una auténtica pesadilla para los locales durante toda la tarde.
Pese a ello, el filial amarillo no había rematado entre los tres palos cuando, antes de la media hora, el delantero ecuatoriano se plantó en la frontal del área como Pedro por su casa y puso en ventaja a su equipo, con un disparo colocado que Cabrero sólo avistó dentro de su portería.
Los blancos, que no acertaban a hacerse con las riendas del partido, siguieron a la deriva durante muchos minutos, con una sola banda útil en ataque -la derecha-, a la espera de los desdoblamientos de un Blanco que hace un mes tenía un pie fuera del club.
Con Merino fuera del partido desde el principio, Sales sin posibilidad de hacer daño y Stuani perdido como un islote, el Alba se confió a un golpe de suerte para nivelar el partido, cortadas como estaban sus previsibles líneas de pase. Aun así, Sales tuvo la mejor oportunidad de la primera mitad con un cabezazo a centro de Tarantino que salió por encima del larguero.
MÁS APLICACIÓN. Tras los primeros pitidos al equipo en el intermedio, el Albacete salió con algo más de aplicación. La entrada de Callejón por el desaparecido Merino ofreció algo más de chispa, si bien el Albacete se expuso al KO definitivo en un contraataque.
En cualquier caso, los blancos carecían por completo de profundidad, y sólo se acercaron en un par de centros de Sales que Sousa, primero, e Hidalgo, después, no acertaron a resolver, antes de que Rubio quemara definitivamente sus naves con la entrada de Guille Roldán y Belencoso, que no resolvieron gran cosa.
Sousa, a 10 minutos del final, rompió momentáneamente el sopor con un disparo que Juan Carlos abortó cuando llevaba camino de la escuadra, aunque Cabrero le dio réplica en la jugada siguiente con una gran parada tras un lanzamiento de Joan Tomás.
El Alba, que ya estaba definitivamente partido por la mitad, anduvo por el filo de la navaja en los últimos minutos y estuvo a punto de producirse un corte en la yugular en dos acciones de Montero, con un remate de cabeza sin oposición que envió fuera y en un mano a mano en el que le tembló el pulso, ya en el tiempo añadido.
En vista de que el Villarreal no daba golpe de gracia, el último minuto fue nefasto para sus intereses. En un córner producto de una buena dejada de Alberto que Stuani no pudo empujar a la red por la oposición de un defensa, Tarantino cabeceó con el suspense añadido de que el balón golpeó primero en el larguero.
La algarabía del gol, que endulzaba así el sufrimiento de un equipo sin rumbo, no evitó, empero, una comprensible pitada final cuando los futbolistas enfilaban el túnel de vestuarios, lo que puso de manifiesto, en fin, que el velo de la alegría no cegó las malas sensaciones que está transmitiendo este Albacete. Su trayectoria descendente es tan indisimulable como la necesidad de buscar soluciones que no llegan desde la grada o eso que se ha dado en llamar el entorno,; y es que la paz social no es sinónima del silencio.
Fuente: La Tribuna de Albacete (2010-02-28)
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